La Iglesia Coreana antes que iglesia es un parque de diversiones para los niños, un colegio, una casa y un restaurante. No enseñan sólo con una Biblia y comen diariamente más que los chilenos en las fiestas patrias.
En Patronato no solamente hay ropa fashion y las mejores picadas. Hay un mundo que muy pocos conocen. La Iglesia, ubicada en la calle Buenos Aires 447, recibe más de trescientas personas y compran veinte kilos de carne al día. Los coreanos no le tienen miedo al colesterol ni a la diabetes, ni menos a la crisis económica.
Desde afuera el templo parece una capilla hecha de ladrillos, luego de mucho trabajo y gracias a unas cuántas donaciones. Pero al entrar no se ven sillas, ni cruces, ni ningún podio: todo es blanco, hay escaleras y no se ve una pared cercana. Hay muchas letras chinas y pocas traducciones. La sala de música tiene varias guitarras eléctricas, una batería, dos plasmas, tres pianos y una gran acústica
Otra sala está destinada a los niños coreanos: una especie de jardín infantil. Hay calendarios, dibujos, nombres indescifrables y muchas biblias. Tiene una alfombra roja y más sillas. Hay también un piano y varias mesas. Son en total siete salas en el primer piso.
Pero no todo es aprender. También existe un interés por el deporte: tienen una multicancha, pelotas de fútbol, una red, bates de béisbol y mucho más. Es el momento donde, tanto los niños como los papás, juegan y pasan sus ratos libres.
Llegando al final, está la verdadera iglesia. Hay una cruz, muchas bancas y todo está alfombrado de rojo. Ahí sí hay un podio y varias biblias. La multicancha, sin embargo, es más grande y tiene más luz. Anexo al templo hay una salita con cuatro bancas, donde los chilenos pueden ponerse unos audífonos y escuchar la misa traducida.
Pero eso no es todo. En el segundo piso viven cuatro personas: los cuidadores. Hay un living comedor, dos piezas, una cocina y dos baños. Los coreanos les dan una casa propia, a cambio de que los cuidadores trabajen para ellos y cumplan con sus exigencias. La segunda escalera lleva a oficinas. Una de ellas es un centro de reunión para los dueños, otra un centro de padres y las demás pertenecen a coreanos más importantes.
Los sábados se realiza la reunión de coro, donde cantan y obviamente comen. Con varios instrumentos importados de distintas partes del mundo, alaban a su señor. Los domingos, reciben a más de cuatrocientas personas, entre coreanos y chilenos. Son los días con más carne, mariscos y verduras. Los hombres, al entrar al templo, vienen con su mujer varios pasos más atrás, y no por su evidente olor a ajo, sino porque su cultura así lo determina.
Como en cualquier otra iglesia, también se hacen funerales. Pero aquí no hay lágrimas. Es un carrete ideal y donde ellos se ríen como nunca. Se realizan distintos juegos y la plata recaudada va destinada a la viuda.
Hay que destacar, eso sí, que la iglesia dona a chilenos diez cajas de comida a la semana (las sobras). Piensan que es necesario regalar, para que después no les roben.

multicancha interior